El Mundo, Hoy
Facebook se ha convertido en un portal hacía un mundo utópico, es la oportunidad perfecta para re-inventarte a ti y a tu entorno, es un confesionario colectivo donde se comparte desde la más absurda desgracia hasta el más ridículo éxito.
Últimamente he escuchado mucho a padres y maestros hablar del famoso Trastorno Déficit de Atención (TDAH) y de los innumerables casos de niños con autismo, problemas de conducta etc.; padres de familia, maestros y especialistas argumentan que estos trastornos se detectan a través de conductas como rezago en el aprendizaje, falta de atención, aislamiento social, falta de sueño… en fin todo lo engloban en un cuadro clínico, que seguro será solucionado con tratamiento médico o psicológico, dejando de lado otras soluciones y problemas raíz como los buenos hábitos, adecuada alimentación, entre otros. No todo es consecuencia de “un trastorno”.
Cada día vemos a más gente inmersa en sus “Smart Phones” aparentemente inconscientes de lo que sucede alrededor; al entorno físico, social incluso laboral, estos llamados gadgets, son cada vez más demandantes, sobre todo por el uso de aplicaciones que constantemente requieren retroalimentación y actualizaciones que optimizan sus funciones, ya sea básicamente para mapas, redes sociales y chats respectivamente*.
Cada día tenemos más interacciones sociales a través de internet. Ya sea a través del correo electrónico, de redes sociales o utilizando alguno de los múltiples espacios y posibilidades que la tecnología nos ofrece. Es probable que tengas contacto frecuente, y casi familiar, con personas a las que no has visto nunca, y a los cuales no podrías reconocer ni por la voz.
Victor E. Frankl lo dijo: “Ser hijo de mujer no nos hace humanos”. Se necesita desarrollo personal e impacto del fruto de este desarrollo para pasar de ser “animal racional” a “ser humano”. El “animal” muestra el potencial el “ser” la evidencia como el potencial se manifiesta.
Durante el sueño se forman sinapsis nuevas entre neuronas que favorecen la memoria y el aprendizaje. Por el contrario, la Universidad de Pensilvania demuestra que la privación del sueño a largo plazo provoca la pérdida de neuronas, provocando un daño cerebral irreparable.
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