Aportación de los niños “mowgli” a la experiencia humanística: el lenguaje nos hace humanos.

 

Entre las palabras de Víktor F. Frankl, “el hombre no es humano sólo por nacer de mujer” y lo que escribiera Rudyard Kipling “el hombre siempre vuelve al hombre, aunque la selva no lo arroje de su seno", parece existir un vacío de conocimiento que no es sólo problema de la Antropología, sino de la Filosofía, la Sociología y la Psicología.

Para la ciencia, los casos de niños salvajes constituyen una fuente de reflexión profunda sobre la condición humana. Los casos de los “niños perdidos”, que aprendieron a sobrevivir en un medio salvaje, muestran la naturaleza social de la condición humana como personas que, viviendo aisladas de sus semejantes, son incapaces de desarrollar las potencialidades de nuestra especie.

La historia de L’Enfant Sauvage de Truffaut se ha repetido. En una localidad remota del noreste de Camboya unos leñadores descubrieron en 2007 a una joven que supuestamente desapareció en la jungla cuando tenía ocho años. Rochom P'ngieng, que tenía 27 años cuando fue encontrada y reconocida por sus padres, no ha podido hablar ningún idioma inteligible, no ha podido reaprender a comunicarse y se siente aterrorizada con la presencia de otros humanos.

La comunicación “nos hace humanos”. La comunicación, que es la actividad consciente de intercambiar información entre dos o más personas con el fin de transmitir o recibir significados a través de un sistema compartido de signos y normas semánticas, ha permitido a la especie humana alcanzar altos niveles de desarrollo en lo personal y de civilización en lo colectivo.

Es a través del lenguaje como construimos la realidad. Es a través de la comunicación como logramos emitir pensamientos y sentimientos y a la vez conectarnos con los pensamientos y sentimientos de otros, proceso imprescindible para generar una estructura mental ordenada. La comunicación es mucho más que transmitir información, es producir significados los cuales constituyen nuestra realidad.

Es significativo el caso de Helen Keller, nacida en EEUU a principios del siglo XX, fue una niña  que con pocos meses de vida se quedó ciega y sorda por una infección vírica aparentemente inofensiva. El caso es paradigmático por lo que tiene de extraordinario: considerada prácticamente una deficiente mental a causa de su grave limitación sensorial, acabó escribiendo libros e inventando un método de aprendizaje del lenguaje para los niños sordo-ciegos. Fue su maestra, Anne Sullivan, quien le enseñó a entrar en el orden simbólico del lenguaje como única vía de acceso al mundo humano, que no es otro que el estructurado por el lenguaje, el universo de la palabra.

Ser humano, repetimos las palabras de Frankl “no es simplemente ser hijo de mujer”. Los seres humanos no nacemos con un código instintivo instalado como los otros mamíferos, nacemos desvalidos y necesitamos un año para mantenernos de pie y dos para iniciarnos en el campo del lenguaje. Estamos destinados a “aprender a ser humanos” y contamos con la vida como recurso para explorar nuestras capacidades innatas y adquiridas y expander lo mejor de nosotros mismos. Sólo a través del proceso lingüístico logramos establecer vínculos simbólicos con el mundo exterior, adquirir conciencia del “yo”, del “tú” y del “nosotros”, para comprender e integrarnos en nuestro entorno.

Por: Montserrat Cama Gual

Directora de Desarrollo                                                                       

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